NEZAHUALCÓYOTL, EL REY POETA DE TEXCOCO
Capítulo 412 3 de julio de 2010 Nezahualcóyotl, el Rey Poeta de Texcoco
Investigación y Guión: Conti González Báez
Nezahualcóyotl nació el 28 de abril de 1402 en Texcoco. Era hijo de Ixtlilxóchitl, sexto señor de los chichimecas y monarca o tlatoani de la ciudad-estado de Texcoco, capital del reino acolhua, y de la princesa mexica Matlalcihuatzin, hija del rey Huitzilíhuitl, segundo señor de Tenochtitlán, y hermana del rey Chimalpopoca.
Le fue impuesto el nombre de Acolmiztli, que significa “león fuerte”, pero las tristes circunstancias que rodearon su adolescencia hicieron que lo cambiara.
Aunque era el heredero nato del reino, su juventud no fue la de un príncipe viviendo con lujos, porque su pueblo luchaba entonces contra la tribu de los tepanecas. Pronto se convirtió en un gallardo guerrero, con una enorme afición por las artes y las ciencias.
Tanto en el palacio paterno como en el calmecac o escuela de estudios superiores, recibió una esmerada educación, dirigida a permitirle gobernar a su pueblo con valentía y sabiduría.
Estudió las tradiciones de los grupos chichimecas, mexicas y alcohuanos venidos del Norte, así como los conocimientos heredados de la antigua cultura tolteca, cuyas enseñanzas y doctrinas eran atribuidas a Quetzalcóatl.
A los 16 años, el príncipe texcocano tuvo que hacer frente a la invasión tepaneca encabezada por Tezozómoc, señor de Azcapotzalco, cuya intención era asesinar al rey Ixtlilxóchitl y a toda su familia para apoderarse del trono de Texcoco.
En 1418, tras ser sitiado durante 30 días, el rey consiguió escapar, llevando consigo a su hijo y varios jefes que permanecieron fieles. El joven quiso luchar y repeler el ataque.
Ante la superioridad de los enemigos, su padre no permitió que se sacrificara inútilmente; prefirió ocultarse hasta conseguir ayuda. Mientras las huestes de Tezozómoc rastreaban los alrededores de la ciudad para encontrar al rey y su heredero, éstos se refugiaron en las cuevas de Cualhyacac y Tzinacanoztoc.
No pudiendo permanecer ocultos por mucho tiempo, Ixtlilxóchitl ordenó a su hijo que se adentrara en el bosque, mientras él y unos pocos hombres trataban de detener el avance de sus captores.
Finalmente, el enemigo logró subyugar al rey y a su gente. Oculto entre las ramas de un árbol, el joven príncipe presenció la muerte de su padre a manos de los soldados tepanecas. Ante la espantosa escena, huyó hacia Tlaxcala por senderos abandonados.
En el camino encontró a varios de los suyos y les recomendó que abandonaran la resistencia, volvieran a sus casas y obedecieran a Tezozómoc, mientras él encontraba cómo liberarlos de la tiranía.
Huérfano y perseguido, con el señorío de Texcoco perdido, el joven adoptó el nombre de Nezahualcóyotl, cuyo significado es "coyote hambriento".
El usurpador Tezozómoc ofreció recompensa a quien entregara, vivo o muerto, al príncipe. Éste recorría los poblados disfrazado, para mantenerse informado de los planes del enemigo.
Con gran astucia, consiguió burlar a sus perseguidores durante dos años, hasta que sus tías, esposas de los señores de México y Tlatelolco, solicitaron al señor tepaneca su perdón, convenciéndolo de su inocencia. Tezozómoc le permitió vivir en Tenochtitlán.
En la capital del pueblo mexica, cuna de su madre, fue recibido calurosamente. Dos años después se le asignó un palacio en Texcoco y se le autorizó viajar entre las dos ciudades.
Durante los siguientes ocho años, Nezahualcóyotl se dedicó al estudio. Junto con las enseñanzas académicas, recibió instrucciones de los deberes reales. Nunca olvidó las brutales circunstancias que ocasionaron su exilio y estaba decidido a recuperar su trono.
Recorrió diversos pueblos para aprender las mejores artes de la guerra, el gobierno y el conocimiento humano, así como buscando apoyo para vengar la muerte de su padre y reconquistar su señorío.
Llegó a ser un hombre extremadamente culto y civilizado, poseedor de grandes conocimientos. Poco a poco, consiguió amigos, aliados y simpatizantes hacia su causa.
En 1427 murió Tezozómoc y lo sucedió su hijo Maxtla. Pretendiendo reconciliarse con los tepanecas, Nezahualcóyotl concurrió a los funerales en Azcapotzalco para sondear la situación.
Meses más tarde volvió a la metrópoli tepaneca a interceder por la libertad de Chimalpopoca, su tío y señor de México, preso por orden del nuevo tirano. Con permiso de éste, llevó al monarca a Tenochtitlán, donde lo vio morir.
Maxtla, hombre rudo y suspicaz, notó la fuerte personalidad de Nezahualcóyotl y temió su rivalidad. Decidió tenderle una celada y le envió una invitación para que lo acompañara a una fiesta en su honor. Entonces, ordenó que lo asesinaran al llegar.
Advertido a tiempo, Nezahualcóyotl quiso negarse, pero uno de sus seguidores, que estaba de acuerdo en que había cierto riesgo de muerte, propuso acudir a la fiesta en lugar del príncipe, ya que había gran parecido entre ambos.
Al llegar, el valiente hombre fue apuñalado por un capitán, quien le cortó la cabeza para llevarla como trofeo a Maxtla. Éste mandó participar la muerte del príncipe al rey Itzcóatl, sucesor de Chimalpopoca, pero cuando el enviado llegó a Tenochtitlán encontró allí a Nezahualcóyotl.
Maxtla, enfurecido, puso un precio a su cabeza; prometió extensas propiedades y la mano de una mujer noble a cualquier hombre que pudiera capturar o matar a su rival.
Haciendo honor a su nombre elegido, Nezahualcóyotl vivió como un “coyote hambriento” durante los siguientes meses. Oculto en lo alto de la sierra, viviendo en cuevas, contaba con la devoción de su gente. Aunque muchos lo reconocieron en su disfraz de campesino, nadie lo entregó para obtener la recompensa de Maxtla.
Con gran habilidad diplomática, consiguió atraer a los nobles de otras ciudades descontentas con la tiranía tepaneca y estableció un frente común, organizando un formidable ejército aliado.
A principios de 1428, al frente de más de 100,000 hombres, se apoderó de Otumba, mientras que los tlaxcaltecas y huejotzincas avanzaron contra Acolman. Poco después, las tropas recuperaron Texcoco, pero los tepanecas sitiaron México y Tlatelolco.
Nezahualcóyotl movilizó 250,000 hombres a Tlaltelolco a través de la laguna y él mismo, al mando de 50,000 soldados, desembarcó en Tepeyac.
Los mexicas, divididos en tres columnas, rompieron el sitio y llegaron hasta las costas y linderos de Azcapotzalco: Itzcóatl por agua, Moctezuma por Tacuba y Tlacaéleltzin por Tlalnepantla.
Los 300,000 guerreros tepanecas fueron sitiados durante 114 días en la fortaleza de Mazatzintamalco, sin que los aliados de Maxtla (Coyoacán, Xochimilco, Cuautitlán y Tepotzotlán) pudieran salvarlo. Finalmente, Azcapotzalco cayó tras una cruenta batalla.
Maxtla murió a manos de Nezahualcóyotl, mientras que la ciudad de Azcapotzalco fue entregada al saqueo y convertida en mercado de esclavos, para infamarla. En los meses siguientes corrieron igual suerte otras poblaciones, como Tultitlán y Teoloyucan.
Sin embargo, mientras era destruido el imperio de Azcapotzalco, Iztlacautzin sublevó Huexotla, apoderándose de Texcoco y otras localidades acolhuas. Nezahualcóyotl se refugió en el Bosque de Chapultepec, mientras reorganizaba a su ejército.
En la primavera de 1429, atravesó de noche el lago y, tras siete días de combate, reconquistó Texcoco y volvió triunfante a Tenochtitlán.
Propuso la paz al señor de Xochimilco, pero fue rechazado, por lo que a fines de ese mismo año tomó la plaza, luego de llenar con haces de yerbas el canal que le impedía el paso.
En 1430 hizo una tercera campaña para dominar a los sobrevivientes de la matanza de Azcapotzalco y a varios grupos sublevados, que se sometieron de buen grado.
Dispuesto a inaugurar una época de paz en el Valle de México, en 1431 Nezahualcóyotl consiguió sellar un convenio con Itzcóatl, señor de Tenochtitlán y Totoquiyauhtzin, señor de Tacuba, conocido como Pacto de la Triple Alianza.
Los tres señores procedieron al reparto de las tierras conquistadas, restituyendo el poder local a sus señores, aunque sujetos a obediencia y pagar tributo. Poco después, Tacuba desapareció de la escena, pero la cooperación perduró a lo largo del siglo XV entre las dos restantes ciudades aliadas.
Una vez recuperado el trono de Texcoco, al que tenía derecho por nacimiento, Nezahualcóyotl comenzó a mostrar sus notables habilidades como estadista. Reorganizó el gobierno y dictó leyes que fortalecieron al Estado.
Ideó un código de leyes, considerado ejemplar y adoptado por sus aliados. Expidió 80 leyes civiles y penales para garantizar la lealtad al Estado y las buenas costumbres; la pena por la infracción a estas disposiciones era, en la mayoría de los casos, la muerte.
Su mandato se distinguió por su prudencia y justicia. Castigó los delitos con rigor, "especialmente a las personas de calidad que debían dar ejemplo a las demás", pero fue misericordioso y agradecido. En Teotihuacan estableció el tribunal que juzgaba a los nobles, en Otumba el de los plebeyos y en Texcoco el de las apelaciones.
Con base en una división de poderes, instituyó Consejos de Instrucción Pública, Guerra, Finanzas, Justicia y Música, además de Ciencia, Arte, Literatura, Poesía e Historia. Nombró para presidirlos a cuatro de sus hijos y creó también un Consejo Supremo, formado por 14 señores.
Conseguida la paz, el tlatoani de Texcoco reconstruyó la ciudad, dividiéndola en barrios que poseían sus propias industrias, con lo que logró mejorar la economía de sus habitantes. Además, fundó colegios para el estudio del idioma, la historia, la astronomía, la medicina y la pintura.
Nezahualcóyotl fue un magnífico arquitecto. Emprendió una magna obra de construcción en Texcoco, donde edificó palacios, monumentos y templos, siendo su creación más esplendorosa un soberbio palacio que disponía, entre numerosas dependencias, de baños tallados en la roca.
Su elevado espíritu estético, que armonizaba los sistemas urbanos con el medio ambiente, lo llevó a construir los más hermosos jardines elevados que se conocieron en América, semejantes en fama y belleza a los legendarios jardines colgantes de la antigua Babilonia.
Protegió los árboles, captó los manantiales, condujo el agua por los montes, introdujo el riego, labró albercas en las rocas, plantó flores y propagó especies animales, ordenando la construcción de un zoológico y un jardín botánico, únicos en esta parte del mundo.
Se encargó de la construcción de calzadas y supervisó la edificación de diques que separaban las aguas salobres del agua dulce de los lagos y albarradas, para impedir inundaciones en el Valle de México. También dirigió las obras del acueducto para abastecer de agua potable a Tenochtitlán.
Tenía una elevada sensibilidad estética y gran amor por la naturaleza, que quedaron reflejados no sólo en la arquitectura de la ciudad, sino también en sus manifestaciones poéticas y filosóficas.
Su esmerada educación le permitió dejar una rica herencia artística, científica y humanística. Reunió a todos los sabios y filósofos de su tiempo y, por su alto nivel cultural, Texcoco bien podría ser conocida como "la Atenas del Mundo Occidental", según el historiador Boturini.
Compuso numerosos cantos y poemas, planteando profundos problemas filosóficos, como el tiempo o fugacidad de cuanto existe, la muerte inevitable, el enigma del hombre frente a su creador y la posibilidad de vislumbrar algo acerca del “inventor de sí mismo”, así como el pensamiento conocido como “la flor y el canto”.
El llamado Rey Poeta era profundamente religioso y llegó a la concepción de que había un solo Dios verdadero, al que llamó Tloque Nahuaque, el Dador de la Vida.
Por su alianza con México – Tenochtitlán, el señor de Texcoco tuvo que participar en numerosas guerras. A lo largo de su vida, luchó en 30 batallas y nunca fue vencido ni herido; sometió 44 reinos y mató por su mano a 12 reyes, incluyendo a Maxtla. Nombró generales a 43 de sus hijos y al cuadragésimo cuarto lo mandó matar por soberbio y belicoso.
También tuvo que transigir en lo tocante a prácticas y ceremonias religiosas, con las que más de una ocasión manifestó su desacuerdo. En su vida personal se apartó del culto a los dioses de la religión oficial y se opuso, hasta donde le fue posible, al rito de los sacrificios humanos.
Estadista, poeta, arquitecto y sabio de las cosas divinas, se hizo acreedor al título Tlamatinime, “el que sabe algo”, el que medita y discurre sobre los antiguos enigmas del hombre en la Tierra, el más allá y la divinidad.
Nezahualcóyotl es probablemente el monarca más distinguido del México antiguo; sus ideas y forma de gobierno fueron de un humanismo notable y diferente a la ideología reinante. Logró gran prestigio como maestro y fue el consejero por excelencia de Tenochtitlán.
El Rey Poeta falleció en 1472, a los 70 años de edad, rodeado del afecto y admiración de su pueblo. Le sobrevivieron varias de sus esposas, una multitud de concubinas y 110 hijos.
Uno de sus hijos legítimos, un muchacho de 18 años llamado Nezahualpilli, le sucedió en el trono y gobernó Texcoco hasta 1516, continuando la política expansiva emprendida por su antecesor.
Nezahualcóyotl murió feliz, creyendo que dejaba una dinastía y un estado que durarían siglos. Sin embargo, 47 años después de su muerte, invasores de piel blanca cruzaron los mares para terminar con la civilización tan brillante que había creado.
Para honrar la memoria de este ilustre monarca prehispánico, se le dedicó una fuente monumental en el Bosque de Chapultepec, proyectada por el escultor Luis Ortiz Monasterio. En su honor, un municipio y una ciudad del Estado de México llevan su nombre.
La Cámara de Diputados decretó en 2004 que el nombre de Nezahualcóyotl fuera inscrito con letras de oro en el Muro de Honor del Salón de Sesiones del Palacio Legislativo, para celebrar y reconocer la vida y obra del Rey Poeta, quien nos legó el más elevado ejemplo de valor y sabiduría que el México prehispánico ofrece a las generaciones actuales y futuras.
Se conservan unos 30 textos de Nezahualcóyotl en las colecciones de manuscritos de cantares prehispánicos, que han sido publicados en diversas ediciones. Recordémoslo hoy con un fragmento del poema “Percibo lo Secreto”, que dice así:
Como una pintura
nos iremos borrando.
Como una flor,
nos iremos secando
aquí sobre la tierra.
Como vestidura de plumaje de ave zacuán,
de la preciosa ave de cuello de hule,
nos iremos acabando
nos vamos a su casa.
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