HISTORIA DE LA PLUMA FUENTE
Tema Redes 418 14 de AGOSTO de 2010
HISTORIA DE LAAS PISTOLAS
Investigación y Guión: Conti González Báez
En el siglo XV, el término pistola se refería a pequeños puñales y dagas que se llevaban escondidos entre la ropa. Hoy se llama pistolas a las armas de fuego cortas, empuñadas con una mano.
Las armas de fuego son una consecuencia aplicada del invento chino de la pólvora, que los mongoles y árabes llevaron a Occidente entre los siglos X y XIII.
La primera referencia clara a un arma de fuego de cualquier clase es un manuscrito inglés de 1326: “De Oficies Regnum” (“Sobre los Deberes de los Reyes)”. En él aparece una ilustración de un pequeño cañón que está siendo disparado.
En los últimos años de ese mismo siglo, la tecnología evolucionó lo suficiente para que surgieran las primeras armas cortas, las bombardas o truenos de mano, que no eran más que simples cañones a escala reducida. Precisamente a causa de su pequeño tamaño, podían fundirse en vez de fabricarse con tiras de metal.
La primera pistola conocida es la de Tannenberg, descubierta entre las ruinas del castillo del mismo nombre en Hesse, Alemania. Como este castillo fue destruido en 1399, el arma tiene que ser anterior a esta fecha. La pistola de Tannenberg está fundida en bronce y pesa poco más de un kilogramo.
Las primeras armas de fuego portátiles se cargaban manualmente, introduciendo por la boca del cañón la pólvora, los proyectiles o municiones y un taco de papel que servía de tapón para mantener todo comprimido adentro del cañón.
El método de ignición era el botafuego, es decir, una varilla con un trozo de yesca o mecha encendida asegurada a uno de sus extremos, por lo que los soldados debían manejar con una mano el arma y con la otra la mecha.
Este método era muy lento y generalmente los combatientes desenfundaban sus sables o espadas después de disparar, ya que las circunstancias no permitían recargar nuevamente la pistola a media batalla.
Con la ballesta como base, el diseño ergonómico del arma de fuego portátil evolucionó, de tal manera que podía manejarse con la culata apoyada en el hombro del tirador, sujeta por la mano izquierda y con la mano derecha preparada para acercar la brasa al fogón.
A pesar de su poderosa fuerza disuasiva, con esas armas podía tenerse muy poca puntería. Con una al hombro, el soldado no podía alinear el blanco con ninguna precisión. Para conseguirlo, se hicieron comunes unas miras rudimentarias. En 1450 hubo armas dotadas de una mira delantera y un bloque vertical posterior, con una muesca para mirar.
El problema más importante durante los siguientes 300 años fue simplificar la forma de encendido. El primer intento de dar fuego mecánicamente a un arma corta fue la serpentina, una pieza de metal curvada que sostenía en un extremo una mecha encendida que podía ponerse en contacto con el orificio del cañón.
Para que funcionara, fue necesario agrandar la boca del orificio de ignición, transformándola en una cazoleta en la que se podía verter pólvora, teniendo así una mayor ignición.
Durante la primera mitad del siglo XV, las armas cortas empezaron a cambiar de forma y la mecha se trasladó a un lado, haciendo posible lograr mejor puntería mirando por encima del cañón.
Las armas de gran calibre eran difíciles de disparar, aunque la llave de mecha de serpentina facilitaba un poco su manejo. Por lo tanto, el calibre de la pistola disminuyó y lo mismo ocurrió con el tamaño de la bala y la carga de pólvora; el cañón se hizo más ligero, largo y esbelto, dando mejor puntería a la bala.
Se consiguió hacer más manejable el arma desarrollando la primera culata completa, ideada por mercenarios alemanes. Consistía en un trozo de madera con un resalte donde terminaba el cañón, que se sostenía sujeto por unas abrazaderas de hierro. Por su forma, el extremo posterior podía adaptarse al hombro del soldado y seguía conservándose la usual llave de serpentina.
Pronto los artesanos empezaron a tallar la culata, desarrollando al mismo tiempo mejoras para hacer la serpentina menos engorrosa, más compacta y fiable. Hacia el año 1500 se desarrolló la llave de mecha instantánea.
En este sistema, la mecha encendida iba sujeta a la punta de un brazo curvo, que podía girar al lado de la culata. El brazo era retenido por una palanca, manteniéndolo alejado del orificio de ignición. Unida a esta palanca había una barra por dentro de la culata; la presión de los dedos sobre ésta la soltaba, el brazo caía por su propio peso y ponía la mecha en contacto con la pólvora.
La mecha era un trozo de cuerda hecha de cáñamo, lino o algodón, que se empapaba en una solución fuerte de salitre y se dejaba secar. Al encenderla, ardía a una velocidad de unos dos centímetros y medio por minuto.
Esta mejora llevó al arcabuz, arma larga semejante al fusil que podía dispararse desde el hombro, aunque lo usual era apoyarla en una horquilla que soportara el peso del cañón. Se usaba una mira posterior, con dos láminas de metal y una acanaladura entre ellas.
Algunas de estas piezas portátiles tenían un gancho debajo del cañón, que servía para apoyar el arma contra un muro, parapeto o borda de barco, para absorber el retroceso provocado por al disparar. Al momento del disparo, buena parte de éste se amortiguaba con esa saliente.
Un arma de mayor alcance que el arcabuz fue el mosquete de llave de mecha. Sin embargo, era pesado e incómodo y su uso estaba limitado por el hecho de que, para que estuviera listo para entrar en acción, la mecha tenía que estar siempre encendida.
Esto era bastante peligroso porque, en un momento dado, había numerosas mechas encendidas muy cerca de la pólvora, con lo que cualquier chispa podía tener consecuencias desastrosas.
Las armas con gancho, especialmente las de muralla, se mantuvieron durante todo el siglo XVI. A medida que fueron haciéndose más ligeras, el gancho fue siendo menos necesario, porque un hombre podía soportar bien el retroceso.
El primer sistema de ignición incorporado a un arma portátil fue la llave de rueda o Wheellock, desarrollado a partir de los sistemas de relojes de Nüremberg, Alemania.
Consistía en una rueda dentada a la cual se le daba cuerda con una llave de tuerca. Al apretar el gatillo, producía chispas en un trozo de pirita de hierro, que a su vez encendía la pólvora de la cazoleta, produciendo el disparo del arma. Es el principio del encendedor de nuestros días.
El desarrollo de la llave de rueda fue un paso importante en la evolución de las armas de fuego, porque permitió llevar una cargada en cualquier momento, sin necesidad de una mecha encendida. De esta forma, el arma podía dispararse con una sola mano, haciendo así posible la pistola propiamente dicha.
Por ser esta técnica artesanal y cara, surgió el sistema holandés Snaphause, que en flamenco significa "picotazo de gallina", por la forma en que caía el martillo para producir chispas.
El sistema de chispa evolucionó en el centro de Europa, donde apareció el Flintlock o fijación de piedra, una pirita que se colocaba con un tornillo, que fue perfeccionado por España mediante el Miguelete, con los resortes de funcionamiento por afuera.
Estos sistemas convivieron en el mundo occidental, quedando el de rueda en poder de los señores feudales por ser caro y lujoso, utilizado generalmente en armas adornadas con piedras preciosas y oro. Mientras tanto, el sistema de mecha siguió utilizándose en Oriente hasta mediados del siglo XIX, en arcabuces y mosquetes.
El año 1807 marcó el comienzo de una nueva era en el encendido. El sistema de percusión, inventado por el monje Forbery, dio la solución definitiva mediante un fulminante con una pequeña cantidad de explosivo, aplicado sobre el extremo de un pequeño tubo que comunicaba con la recámara del arma.
Al resolverse el problema del encendido, comenzó el desarrollo de armas más prácticas, preocupándose los fabricantes por el sistema de puntería, al cual no se le había dado demasiada importancia mientras la problemática más urgente fue la forma de dar fuego.
La mayor innovación en la historia de la pistola fue el revólver, capaz de disparar varias veces antes de recargar munición, gracias a su cilindro giratorio.
Aunque existieron varios revólveres primitivos desde el siglo XVIII, el revólver moderno fue patentado por el inventor estadounidense Samuel Colt en 1835.
Esta pistola aloja algunos cartuchos en un cilindro o barrilete desmontable que va girando a medida que se dispara, para preparar el siguiente cartucho.
En sus inicios, los barriletes se cargaban de la misma forma que las antiguas pistolas. En cada recámara de la pieza cilíndrica se introducía una porción de pólvora negra, taco de papel, munición de plomo y se retacaba con una palanca situada bajo el tubo del cañón.
Por la parte posterior de cada recámara del barrilete, se colocaba un fulminante como primer detonante. Este procedimiento se realizaba con sumo cuidado, para evitar que la presión inflamara la pólvora anticipadamente.
Debido a lo complejo y lento de esta operación, los efectivos de caballería llevaban consigo una dotación de barriletes precargados, los cuales eran desmontables.
La falta de especialización en la manufactura de armas en esa época y los bajos controles de calidad propiciaron una serie de accidentes, en los que no era raro lesionarse seriamente las manos al momento de cargar y accionar las pistolas.
Desde muy joven, Samuel Colt mostró gran interés por las armas y explosivos. Fue expulsado a los 16 años del colegio en que estudiaba ciencias, al destruir parte del edificio durante un experimento. Su padre, propietario de una fábrica de tejidos de seda, lo envió en un viaje por mar hasta la India.
En Calcuta, Samuel vio un primitivo modelo de revólver, con un mecanismo muy inseguro y poco funcional. Al volver a Estados Unidos observó en el barco un trinquete empleado para elevar el ancla; basándose en él, talló en madera un mecanismo para accionar el tambor del revólver.
Financiado por su padre, creó un modelo funcional de revólver que patentó en Gran Bretaña y Estados Unidos. Fundó la Compañía Manufacturera de Armas Patterson y produjo un revólver de cinco disparos de simple acción.
La falta de inversionistas le impidió comprar maquinaria. Como los revólveres eran fabricados a mano, su precio era muy alto y la compañía quebró en 1842.
Colt inventó para el gobierno prototipos de cables para accionar minas marinas a distancia y luego convenció a Samuel Morse para que empleara sus descubrimientos en el tendido del primer enlace telegráfico submarino entre Nueva York y Coney Island, en 1843.
Cuatro años después, los rangers o guardias fronterizos de Texas, impresionados por su primer revólver, se pusieron en contacto con Colt para encargarle 1,000 revólveres.
Éste había aprendido de su anterior experiencia; alquiló una fábrica totalmente equipada para abaratar el costo de las armas y diseñó un nuevo modelo perfeccionado de seis disparos.
Posteriormente, con el apoyo del industrial Elisha K. Root, el inventor fundó la Compañía de Armas de Fuego Colt y diseñó una línea de montaje en cadena con piezas estándar intercambiables entre sí, algo totalmente novedoso en la industria de armamento.
La compañía de Samuel Colt creció enseguida, convirtiéndose en proveedora de ejércitos y particulares de todo el mundo, la cual sigue teniendo gran prestigio hasta la actualidad.
Cuando se extendió el uso de las ametralladoras Maxim, varios fabricantes de armas decidieron adaptar el mecanismo de disparo automático para crear pistolas semiautomáticas.
El primer modelo exitoso fue la Bochardt, creada por el armero alemán Hugo Bochardt en 1894. Tenía un ingenioso mecanismo de seguro parecido a la articulación de la rodilla, muy confiable.
En 1896 apareció el modelo Mauser, creado por Paul Mauser. Fue la primera pistola semiautomática utilizada en una guerra, la de Sudáfrica.
El siguiente modelo, de ese mismo año, fue el célebre Luger Parabellum, creado por Georg Luger y adoptado por el ejército alemán como su pistola oficial durante la Primera Guerra Mundial.
Se caracterizó por mejorar el mecanismo de seguro y fue el primer modelo en utilizar el calibre 9 milímetros. Tras varias modificaciones, estuvo en producción hasta la Segunda Guerra Mundial.
En Estados Unidos, el primer armero en crear pistolas semiautomáticas fue John Browning, que comenzó a desarrollar sus propias pistolas de acción simple y a partir de 1900 colaboró con la marca Colt, para la que diseñó varios de los cartuchos clásicos para pistolas semiautomáticas.
La Colt M1911 fue el primer modelo en utilizar el calibre .45. Un arma legendaria, fue empleada por el ejército estadounidense durante 74 años. Sólo sufrió algunas modificaciones en 1926 y se renombró Colt M1911A1.
Se dice que una pistola es semiautomática porque el mecanismo que coloca un nuevo cartucho en el arma después de disparar es automático, pero como hace un único disparo al apretar el gatillo, no se puede considerar arma automática.
Las ventajas de la pistola frente al revólver son que posee más munición, comúnmente de 7 a 15 cartuchos, y su recarga es más rápida, lo que se logra expulsando el cargador vacío e insertando inmediatamente otro lleno. Por ello, ha sustituido al revólver en el oficio militar y otras actividades de las fuerzas del orden.
Las pistolas semiautomáticas se clasifican, de acuerdo a su mecanismo de disparo, en tres tipos:
De acción simple, que requieren amartillarse con el pulgar antes de apretar el gatillo; de lo contrario no dispararán. Tradicionalmente, poseen un seguro lateral que impide el amartillado o que estando amartillada la pistola no se pueda disparar.
De doble acción, que disparan de dos maneras diferentes: amartillándose antes de apretar el gatillo o apretando el gatillo sin amartillarse. El mecanismo de doble acción amartilla y retorna el percutor con sólo apretar el gatillo y el impulso del disparo deja amartillada la pistola para el siguiente disparo.
De doble acción exclusiva, que no necesitan amartillarse con el pulgar, sino que solamente se aprieta el gatillo para disparar. Después del disparo, el percutor se queda sin retroceder, volviéndose a amartillar al apretar de nuevo el gatillo.
La primera pistola de doble acción fue la Walther PP, diseñada por el armero y fabricante alemán Carl Walther en 1929 para uso policial. Su sucesora fue el modelo PPK, muy popular por las películas de James Bond, la cual se sigue fabricando hoy día.
Poco después, el mismo fabricante diseñó la primera pistola militar de doble acción, la Walther P38 de calibre 9 milímetros Parabellum y cargador de 8 disparos, utilizada por los alemanes en la Segunda Guerra Mundial.
La pistola Browning High Power, vendida por primera vez en 1935, fue la primera en tener un cargador con dos hileras para almacenar más munición, además de mejores seguros contra disparos accidentales. El arma fue empleada en la Segunda Guerra Mundial por los dos bandos.
Actualmente se siguen fabricando versiones modernas de modelos míticos como la Colt M1911 y la Browning High Power, respetando su mecanismo original de acción simple, tanto para uso defensivo como deportivo. Por cierto, éstas han sido las dos pistolas más copiadas en la historia.
Sin embargo, las fuerzas de seguridad y los ejércitos sólo usan las pistolas de doble acción, mientras que las de doble acción exclusiva suelen destinarse para defensa personal por ser su funcionamiento más sencillo, casi como un revólver.
El calibre de pistola más popular del mundo es el 9 milímetros Parabellum, establecido como reglamentario por la OTAN y utilizado por la Unión Europea.
En Estados Unidos apareció en los años 80 un cartucho calibre 10 milímetros, con una potencia muy superior a la del 9 Parabellum. Fue adoptado por el FBI, lo que le dio popularidad inmediata hasta que su uso práctico demostró que la mayoría de los agentes no tenían suficiente fuerza para controlar la puntería, debido al efecto de retroceso que provocaba.
Después apareció un nuevo calibre, el .40 Smith & Wesson, más controlable pero todavía más potente que el 9 Parabellum, actualmente el más popular en ese país.
Los cambios más notables en las pistolas de las últimas décadas han sido que la mayoría de los modelos están elaborados con materiales diferentes al acero tradicional para aligerarlas, incluyendo aleaciones, polímeros o materiales compuestos.
También se ha mejorado la puntería en disparos rápidos con la atenuación de los efectos del retroceso de disparo y ha habido diversas mejoras en los seguros, que hacen casi imposible el disparo accidental.
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