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LOUIS BRAILLE

Cápsula 22 del 14 de Diciembre de 2002

Investigación y Guión: Conti González Báez



Hasta hace relativamente poco tiempo, la mayoría de la gente pensaba que los ciegos no podrían leer nunca, ya que se creía que la única manera de hacerlo era viendo las palabras con los ojos.

Un francés llamado Louis Braille no estaba de acuerdo. Ciego desde los tres años, el joven Louis deseaba desesperadamente poder leer. Se daba cuenta que el vasto mundo del pensamiento y las ideas que ofrecían los libros le estaba vedado debido a su discapacidad. Estaba determinado a encontrar la llave de esa puerta cerrada y abrirla para él y otras personas ciegas.

Louis Braille nació a principios del siglo Diecinueve en un pueblito cerca de París. Su padre tenía un taller de talabartería; fabricaba arneses y otras guarniciones de cuero. Utilizaba con frecuencia afiladas herramientas para cortar y perforar el cuero.

Un día, el pequeño Louis estaba jugando con uno de los punzones de su papá, cuando se resbaló y accidentalmente se picó uno de sus ojos. Al principio, la lesión no parecía seria, pero la herida se infectó. Pocos días después, el otro ojo se contagió y el niño perdió la vista de ambos ojos.

Los primeros días de ceguera fueron muy difíciles, pero poco a poco Louis aprendió a adaptarse y a llevar una vida normal. Fue a la escuela junto con sus amiguitos y le fue bien en los estudios. Era inteligente y creativo y no iba a permitir que su discapacidad lo frenara en lo más mínimo, pero no podía aprender más, debido a que no podía leer ni escribir.

Conforme creció, se dio cuenta de que la pequeña escuela a la que asistía no tenía el dinero y los recursos que él necesitaba. Escuchó hablar de una escuela en París que era especial para estudiantes ciegos, una de las primeras del mundo. Louis no lo pensó dos veces, empacó sus escasas pertenencias y se lanzó a buscarse una sólida educación. Acababa de cumplir los 10 años.

Las condiciones de la escuela eran muy duras. El edificio era húmedo e insalubre y la disciplina era severa. Los alumnos que se portaban mal eran golpeados, encerrados y alimentados con pan duro y agua. De hecho, esta clase de disciplina era común en las escuelas de la época. La mayoría de los niños de ese entonces abandonaban los estudios a los doce años e iban a trabajar en fábricas y minas.

En la escuela para ciegos, los alumnos eran adiestrados en algunos oficios como la fabricación de pantuflas, para que al salir pudieran ser capaces de ganarse la vida. Una vez por semana, después del almuerzo, los niños eran llevados a caminar por el parque, unidos por una cuerda.

Desde que llegó a la escuela, Louis le preguntó a su maestro si tenían libros para ciegos y descubrió que sí. Éstos tenían grandes letras, realzadas en sus páginas, hechas con alambre prensado; eran tan grandes, que los libros eran demasiado pesados y voluminosos. Además, eran caros. La escuela tenía exactamente catorce libros.

Louis los leyó todos en la biblioteca escolar. Podía sentir cada letra, pero le tomaba mucho tiempo leer una oración. Tardaba varios segundos en terminar cada palabra y cuando llegaba al final de la oración, casi había olvidado de qué se trataba el principio. El niño sabía que debía haber un método mejor.

Tenía que existir una manera de que una persona ciega pudiera sentir rápidamente las palabras de una página, para poder leer tan veloz y fácilmente como una persona con vista. Decidió ponerse como meta pensar en un sistema de lectura para ciegos, ideando un alfabeto que pudiera ser tan fácil de leer como el visual y que, además, pudiera ser escrito por los ciegos.

Louis Braille era una persona sumamente creativa. Desde muy temprana edad había aprendido a tocar el cello y el órgano. La música fue realmente su primer amor y su talento le permitió ser organista en varias iglesias de París, lo que le proporcionaba algunos ingresos.

El jovencito tenía mucha confianza en sus habilidades creativas. sabía que era inteligente y su talento musical era la prueba de lo mucho que podía lograr si se le daba una oportunidad.

Un día, el soldado Charles Barbier visitó la escuela y les llevó a los pequeños ciegos un código alfabético que estaba siendo usado por el ejército francés para enviar mensajes nocturnos de los oficiales a los soldados. Los mensajes no podían ser escritos en un papel, porque el soldado tendría que encender un cerillo para leerlo y esa luz lo convertiría en un blanco fácil para los disparos del enemigo.

Por lo tanto, el código consistía en una serie de puntos y guiones que se escribían en relieve sobre el papel, para que los soldados pudieran descifrarlos al pasar sus dedos sobre los símbolos. Una vez que todos comprendían los símbolos, funcionaba más o menos bien.

Louis probó entusiasmado el código. Era mucho mejor que leer los gigantescos libros con grandes letras en relieve. Sin embargo, el código militar seguía pareciéndole lento y engorroso. Los puntos ocupaban mucho espacio en cada página, por lo que sólo cabían una o dos frases. Él sabía que podía mejorar de alguna manera ese alfabeto.

En sus siguientes vacaciones, dedicaría todo su tiempo a trabajar en eso. Cuando regresó a casa, fue recibido cariñosamente por sus padres, quienes le ofrecieron todo su apoyo.

El joven Braille pensaba en cómo mejorar el sistema alfabético del código del ejército. Le gustaba la idea de los puntos en relieve, pero podría eliminar los guiones. Sentado en el taller de su papá, tomó uno de sus punzones romos y de pronto se le ocurrió cómo resolver el problema. La misma herramienta que le había provocado la ceguera podría ser usada para hacer un alfabeto de puntos en relieve que le permitiera leer.

Pasó los siguientes días trabajando en un alfabeto hecho completamente con base en seis puntos, como los del dominó. La posición de los diferentes puntos representarían a las distintas letras del alfabeto. Usó el punzón romo para escribir una oración y pudo leerla rápidamente con los dedos, de izquierda a derecha. Todo tenía sentido. ¡Funcionaba!

Louis siguió trabajando en su sistema durante varios años, agregándole signos de puntuación, símbolos para las combinaciones de letras más usadas y algunas palabras cortas como artículos, preposiciones y conjunciones, además de desarrollar códigos separados para matemáticas y música. En 1827, cuando tenía 18 años, fue publicado el primer libro en Braille.

El nuevo sistema no fue aceptado de inmediato. La gente que podía ver no entendía qué tan útil podía ser el sistema Braille y un maestro de la escuela de ciegos inclusive llegó a prohibir a sus estudiantes aprenderlo. Por fortuna, esto solamente tuvo el efecto de motivarlos más y los niños comenzaron a aprenderlo en secreto. Eventualmente, todos empezaron a darse cuenta de los beneficios del nuevo sistema.

Las personas ciegas no sólo podían leer Braille, sino que podían escribirlo también, utilizando un simple estilete o punzón para hacer los puntos. Por primera vez, podían ser verdaderamente independientes y tomar control de sus propias vidas.

Louis Braille se convirtió en maestro de la escuela donde había estudiado. Era admirado y respetado por sus alumnos, pero desafortunadamente murió muy joven, a los 43 años, víctima de la tuberculosis. Por un tiempo parecía que su sistema moriría con él.

Por suerte, algunas personas clave habían captado la importancia de su invención. En 1868, dieciséis años después de la muerte de Braille, un grupo de cuatro hombres ciegos, encabezados por el Doctor Thomas Armitage, fundó la Sociedad Británica y Extranjera para promover la Educación de los Ciegos.

Este pequeño grupo de amigos creció rápidamente y se convirtió en el Real Instituto Nacional de los Ciegos, la mayor organización británica para ciegos y el principal editor de Braille en Europa.

Poco a poco, entraron en contacto con instituciones para ciegos de otros países y el uso del sistema Braille fue extendiéndose. Años después, se creó una máquina de escribir que facilitó enormemente la escritura en Braille y se perfeccionaron los métodos de impresión.

En 1982, se instaló la primera prensa automática Braille, que permitió la rápida publicación de miles de libros y revistas para ciegos.

Para 1990, apenas hace 12 años, el sistema Braille ya era utilizado, por fin, en prácticamente todos los países del mundo y había sido adaptado a casi todos los idiomas conocidos, del Albanés al Zulú.

En Francia, los logros de Louis Braille fueron finalmente reconocidos por el estado. En 1952, al cumplirse el centenario de su muerte, sus restos fueron trasladados a París, para ser depositados en el Pantheon, hogar de los héroes nacionales franceses.




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