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EL BANQUETE NOBEL

Cápsula 125 del 04 de Diciembre de 2004

Investigación y Guión: Conti González Báez



El viernes 10 de diciembre serán entregados los Premios Nobel 2004, que se han otorgado anualmente desde 1901 por logros en Física, Química, Fisiología o Medicina, Literatura y por la Paz. En 1968, el Banco de Suecia instituyó el Premio en Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel, quien estableció en su testamento los premios que llevan su nombre.

Los Premios Nobel, que incluyen 10 millones de coronas suecas (aproximadamente 16 y medio millones de pesos) para cada categoría, cantidad que se reparte entre los ganadores si hay más de uno, además de una medalla de oro y un diploma, son entregados en el aniversario de la muerte de su fundador, Alfred Nobel, ocurrida en 1896.

Los premios en Física, Química, Fisiología o Medicina, Literatura y Economía son entregados en Estocolmo, donde los Laureados participan en un extenso programa de actividades durante la Semana Nobel, que inicia el lunes 6 de diciembre y que incluye conferencias sobre su trabajo en la Universidad de Estocolmo o el Instituto Karolinska, las cuales estarán abiertas al público en general, así como conferencias de prensa para los medios de todo el mundo congregados en la capital sueca.

El Premio Nobel de la Paz es entregado el mismo día en Oslo, Noruega, donde la Laureada de este año, la keniana Wangari Maathai, estará presente en las actividades tradicionales de los Días Nobel, de los cuales hablaremos más adelante.

En Suecia, la Semana Nobel culmina con una brillante y majestuosa ceremonia en el Salón de Conciertos de Estocolmo, con un cupo para 1,700 personas, donde se ha realizado la entrega a los ganadores desde finales de la década de los veintes.

El programa de los Premios Nobel es cronometrado al segundo. Los eruditos hombres y mujeres asignados para presentar a los Laureados dan sus discursos y, uno tras otro, éstos dan unos pasos a través del escenario y aceptan su medalla de oro y diploma de manos del Rey Carlos XVI Gustavo de Suecia.

En esta ocasión, la solemne entrega tendrá una variante: una de las estrellas de la fiesta estará ausente, pues la escritora austriaca Elfriede Jelinek, ganadora del Premio Nobel de Literatura, decidió no asistir al ágape por motivos de salud, ya que sufre de sufre desde hace años de fobia social y no puede soportar las muchedumbres ni los lugares públicos.

Después de la presentación de cada premio, el público puede disfrutar de algunos momentos de reflexión con la música interpretada por la Real Orquesta Filarmónica de Suecia, que está colocada en una galería arriba y detrás del escenario, donde están sentados la Familia Real, los galardonados y aproximadamente 150 miembros de las instituciones que otorgan los premios.

Seleccionar la música para la ceremonia es difícil. La galería es larga y angosta, y requiere de todas las habilidades del director para mantener unida a la orquesta, que es recortada por razones prácticas. Los números musicales deben ser breves, de no más de 5 ó 6 minutos. Esto restringe las opciones a breves poemas tonales, oberturas, arias, marchas y otras por el estilo.

A través de los años, han sido contratados solistas, al principio esporádicamente, ahora como una atracción permanente del programa musical. En 1968 la reconocida mundialmente soprano Birgit Nilsson cantó no menos de tres canciones, acompañada por el órgano del Salón de Conciertos, parada en el escenario junto a los ganadores. Su figura dominó el programa y robó atención a los premiados, como el estadounidense Luis Walter Álvarez, ganador del Premio Nobel de Física de ese año.

Los organizadores han evitado repetir el experimento y ahora los solistas actúan desde la galería de la orquesta. Los cantantes han predominado pero, en algunas ocasiones, solistas de trompeta y trombón se han esforzado por hacer volar las tiaras de las damas presentes en el escenario.

A cada invitado se le asigna un asiento individual, dependiendo de su afiliación con el trabajo relacionado con los Premios Nobel o la posición de la persona en la jerarquía de los invitados. Los miembros del gobierno sueco se sientan en primera fila.

En un año en particular, una señora desconocida, de apariencia oriental, sorprendió a todos al sentarse en un lugar vacío a la mitad de la primera fila, justo antes de que comenzara la ceremonia. Los guardias de seguridad estaban nerviosos, sin saber qué hacer, y los comentaristas de radio y televisión confundidos. Ella continuó sentada allí con toda calma durante la ceremonia completa. Después se supo que, como vio que ese asiento estaba vacío y era mejor que el suyo, simplemente se cambió de lugar.

Al final del programa, la mayoría de los presentes cantan el Himno Nacional Sueco, "Du gamla, du fria". Los invitados reales se retiran del auditorio y de pronto todo el escenario se llena de familiares y colegas que quieren felicitar a los ganadores de los Premios Nobel y compartir su alegría.

Afuera de la Sala de Conciertos, limosinas y autobuses esperan para llevar a la mayoría de los invitados a su siguiente parada, el Salón Azul del Ayuntamiento de Estocolmo, donde se ofrece el Banquete Nobel en honor de los Laureados.

A su arribo al Ayuntamiento, los invitados se reúnen en el vestíbulo del salón Azul, esperando a que se les indique que pueden entrar a ocupar sus asientos. Mientras tanto, los Laureados y otros invitados de honor ya están un piso arriba, en la Galería del Príncipe, donde la Familia Real les da la bienvenida.

Mientras se apiñan en el vestíbulo, los demás invitados pueden ver las mesas espléndidamente puestas en el Salón Azul, con imaginativos arreglos florales que llenan el ambiente con delicadas fragancias. Las flores son un regalo de la ciudad de San Remo, Italia, donde Alfred Nobel vivió sus últimos días. En la mesa principal hay candelabros y otros adornos de oro y plata, dándole un aire de esplendor real.

Los organizadores del banquete, veteranos de numerosas fiestas corporativas y eventos de aniversario, están tan emocionados como los invitados. A las seis y media en punto, las líneas de estudiantes con sus gorras blancas se abren para dar paso a los invitados, quienes de inmediato buscan sus lugares.

Media hora después, exactamente a las siete en punto, suenan las fanfarrias de las trompetas, anunciando la procesión de los invitados de honor por la balaustrada que lleva a la gran escalinata del Salón Azul.

Los Laureados Nobel, Sus Majestades y otros invitados de honor bajan entonces por la escalera en formación, acompañados por música solemne de órgano, hasta reunirse con los demás invitados y tomar sus lugares en la mesa de 25 metros de largo en medio del salón. A partir de ese momento, el Banquete de banquetes puede comenzar.

No siempre fue así. Las primeras cenas de los Premios Nobel fueron servidas en el Grand Hotel de Estocolmo. En esos días, los invitados, adornados con medallas y listones de diversas órdenes fraternales, eran menos de 150 personas, un número fácil de atender para un organizador de banquetes.

En la primera cena Nobel, en 1901, hubo tan sólo invitados varones. Hoy en día, el Secretariado de las Festividades Nobel está a cargo de dos mujeres, quienes atienden a cerca de diez veces más invitados, aunque ahora cuentan con una oficina llena de computadoras a su disposición.

Desde mediados de octubre fueron anunciados los nombres de los ganadores de los Premios Nobel 2004, que comentamos aquí en Las Redes del Tiempo. De inmediato empezaron a enviarse las invitaciones para el Día Nobel a diferentes categorías de invitados de honor: investigadores y académicos de todas las nacionalidades, representantes de la comunidad cultural y científica del mundo, miembros de la vida pública de Suecia, etcétera.

Más allá de estas categorías, el clima de las invitaciones es más bien frío. Muchas personas claman asistir a las Festividades Nobel. Sus cartas se apilan y cada nueva solicitud es sopesada cuidadosamente. Como dice el dicho popular, “muchos se sienten llamados, pero muy pocos son escogidos”.

Gente con lazos lejanos al mundo académico toma una pluma y escribe pidiendo ser invitada. Esperanzados parientes de personas que celebran alguna década de vida o un aniversario importante tratan de despertar las simpatías de los organizadores y obtener boletos para las festividades del 10 de diciembre.

Sin embargo, unos cuantos afortunados son escogidos. Ellos reciben inmediatamente una hermosa invitación, con el tradicional sello dorado en forma de medallón con la figura de Alfred Nobel. Otros son puestos hasta nuevo aviso en una lista de espera que cada día se alarga más y más.

Una persona que desempeñe un trabajo relacionado con los Premios Nobel puede sentirse relativamente segura de obtener eventualmente un lugar. Los investigadores extranjeros cuyo trabajo pueda beneficiar a la investigación sueca también pueden tener la certeza de recibir una invitación. La Fundación Nobel es muy obstinada al insistir que este Banquete de banquetes es un evento académico y se adhiere a las formalidades.

El Banquete Nobel es una celebración única, llena de diversión y música, tradición e innovación. Los grandes banquetes suelen ser rígidos y aburridos, pero no éste, que es una mezcla festiva de banquete real, reunión familiar y celebración estudiantil.

La Familia Real está presente. Los parientes y amigos de los Laureados la convierten en una reunión familiar. Los estudiantes universitarios, que son los ganadores de los Premios Nobel del futuro, tienen asignados 200 lugares. Ellos llenan una solicitud que entregan a la Unión de Estudiantes de Suecia, que se encarga de distribuir dichos lugares mediante un sorteo, ya que son muchos más los que cada año solicitan asistir.

De los 200 estudiantes invitados, 50 tienen la tarea honoraria de desfilar con banderas y estandartes de sus uniones estudiantiles durante la última parte del Banquete, cuando los Laureados dan sus discursos, en un emotivo homenaje.

La Fundación Nobel también tiene a su disposición a 30 estudiantes que son seleccionados por sus propios compañeros para actuar como edecanes, asistiendo a los invitados; es una asignación muy solicitada. Ellos se presentan con sus trajes de gala y gorras blancas obligatorias.

Para armar el rompecabezas de cómo sentar a los invitados, el Secretariado de las Festividades Nobel usa pequeñas etiquetas de varios colores. Éstas contienen toda la información imaginable sobre cada invitado, basada en las tarjetas de confirmación recibidas y en el substancial conocimiento personal que los organizadores han acumulado durante varios años.

Cuando los invitados llegan al banquete, ignoran que han sido sistemática y cuidadosamente ordenados en las computadoras de la Fundación y que se les han asignado claves que incluyen todos sus datos.

Las tarjetas de confirmación que cada invitado tiene que llenar y enviar incluyen un espacio para “peticiones especiales”. No pasa un año sin que alguien pida, ilusionado, ser sentado junto a la Reina Silvia o lo más cerca posible, “de preferencia con contacto visual”.

La mayoría de los invitados tienen peticiones más sencillas. Muchos desean sentarse entre sus colegas, aunque algunos pocos piden ser sentados “tan lejos de sus colegas como sea posible”. Ocasionalmente, alguien expresa su deseo de ser sentado entre gente “tan agradable como sea posible”. Esto es muy fácil de lograr. Los invitados al Banquete tienen amplias oportunidades de iniciar conversaciones interesantes.

La inicial actitud solemne poco a poco se relaja al descubrir que estar en el Banquete Nobel es realmente divertido. Conforme avanza la noche, se ve que los invitados la están pasando bien, mientras se cruzan varias conversaciones a través de las mesas, brindan a la salud de uno y otro e inician nuevos contactos.

Hace algunos años, dos desconocidos, un estadounidense y una sueca, ambos investigadores, fueron sentados uno al lado del otro durante el Banquete. Hasta donde saben los organizadores, siguen juntos, ya como matrimonio, y viven en los Estados Unidos.

En otra ocasión, un Laureado invitó tanto a su ex-esposa como a su esposa para que lo acompañaran a recibir el Premio Nobel. La Fundación recibió instrucciones de sentar a las señoras lo más lejos posible una de la otra, sin ninguna posibilidad de contacto visual, las cuales se siguieron al pie de la letra para preservar la paz doméstica.

Muchos pagarían una fortuna por asistir al Banquete Nobel, pero sólo pueden ser sentados 1,300 invitados en el Salón Azul del Ayuntamiento de Estocolmo, donde se ha celebrado desde 1934, año en el que el italiano Luigi Pirandello obtuvo el Premio Nobel de Literatura.

Durante las primeras décadas en este salón, los consomés o “sopas claras” eran lo común como primer platillo. Hoy el principio que guía a los menús es que deben tener un toque escandinavo.

En los años recientes, cada Banquete ha sido una experiencia gastronómica muy disfrutable. La responsable del menú es la Asociación del Chef del Año. En octubre, una comida de muestra es probada por un panel conformado por reconocidos restauranteros y los propios gourmets de la Fundación Nobel. El mismo cuidado es dedicado a la selección de los vinos.

El menú escogido por el jurado es guardado en secreto hasta las siete de la noche el 10 de diciembre, cuando los invitados pueden verlo impreso en sus mesas. Lo único de lo cual la gente puede estar segura es que el postre consistirá de helado. También se sirven platillos vegetarianos, sin gluten o Kosher para quien lo solicite, así como bebidas no alcohólicas.

El menú es monitoreado muy de cerca por el mundo exterior, como lo demuestra el hecho de que un año los amantes de los animales reaccionaron indignados por la presencia de un platillo a base de “palomas“. Les pareció muy ofensivo que estas aves, símbolo de la paz, hubieran sido sacrificadas para el Banquete, por lo que presentaron su queja a la Fundación Nobel. Pronto se descubrió que había habido un error de traducción y que las aves servidas habían sido pichones, que no provocaron las mismas protestas.

Como muestra de lo que se ha servido históricamente en el famoso Banquete Nobel, tenemos los menús de lo que se sirvió en el primero, en 1901 y en el más reciente, en 2003. Como dato curioso, todos los menús están en francés.

El menú del Banquete que se sirvió en 1901, cuando el alemán Wilhelm Conrad Röntgen recibió el Premio Nobel de Física por el descubrimiento de los rayos que después fueron bautizados con su nombre, fue el siguiente:

§ Hors d´œuvre
§ Suprême de barbue à la normande
§ Filet de bœuf à l´impériale
§ Gelinottes rôties, salade d´Estrée
§ Succès Grand Hôtel, pâtisserie

VINOS:
§ Niersteiner 1897
§ Château Abbé Gorsse 1881
§ Champagne Crème de Bouzy Doux et Extra Dry
§ Xerez

El menú del Banquete de 2003 logró que el estadounidense Paul Lauterbur y el británico Sir Peter Mansfield, ganadores del Premio Nobel de Medicina por sus descubrimientos concernientes a la obtención de imágenes por resonancia magnética, olvidaran las protestas de Raymond Damadian, quien como recordamos se quejó públicamente por haber sido excluido del galardón, mientras disfrutaban de estos platillos:

§ Sélection suédoise
§ Suprême de pintade aux champignons des bois, fricassée de légumes, gâteau de pommes de terre
§ Délice au café fourré de chocolat, petite salade d´agrumes

VINOS:
§ Dom Perignon vintage 1993 Magnum
§ Chateau Malescot S:t Exupery 1996 Margaux
§ Banyuls select vieux l´Etoile 1985
§ Café
§ Hennessy XO
§ Cointreau
§ Eau minérale de Ramlösa

La Fundación Nobel trata de asegurase de que las más de tres horas que pasan los invitados en el Banquete sean tan placenteras como sea posible. Antes de que sea servido el postre, todos pueden disfrutar de un espectáculo musical de 20 minutos.

Esta representación mantiene un alto nivel artístico y puede ser música vocal e instrumental o de danza. De preferencia, debe incluir humor, efectos sorpresa y luces tan impactantes y hermosas como sea posible. Como escenario está la gran escalinata del Salón Azul, muy adecuada para la pompa, la celebración y la música.

Según los conocedores, la “mini-ópera” que se presentó en 1996, con música de finales del siglo Diecinueve, es posiblemente el mejor espectáculo presentado en los más de 100 años de historia del Banquete Nobel. En esa ocasión, la polaca Wislawa Szymborska, ganadora del Premio Nobel de Literatura 1996, fue una de las que más disfrutó del intermedio musical, quizá porque no estaba preocupada por su discurso posterior, que fue uno de los más breves, tan sólo un párrafo para decir “Gracias” en francés, polaco y, por supuesto, sueco.

Dicho espectáculo le ganó incluso a la producción de 1992, en la que Anja Birnbaum, de la compañía de danza Pirámides, apareció en un vestido blanco cuyas anchas mangas se transformaban, gracias a los efectos de iluminación, en las alas de un ángel girando vertiginosamente o en una brillante llama roja, dejando asombrado al estadounidense Rudolph Marcus, Premio Nobel de Química de ese año, quien se olvidó de su teoría sobre las reacciones de transferencia del electrón para disfrutar de la fiesta, a la que lo acompañaron su esposa Laura, con quien llevaba entonces 43 años de matrimonio y sus tres hijos.

El espectáculo cuidadosamente planeado es una invención reciente, de hace poco más de diez años. Durante los setentas, la música coral era un elemento recurrente durante cada banquete. En los ochentas, las orquestas estudiantiles de Suecia recibían la oportunidad de entretener a los invitados. Si bien les faltaba profesionalismo, lo suplían con un gran entusiasmo.

La mejor de esas presentaciones estudiantiles estuvo a cargo de “Las Curvas Exigentes”, un grupo de bailarinas de can-can de la Escuela de Economía de Estocolmo, quienes obviamente nunca habían estado en la Plaza Pigalle de París.

En tiempos pasados, los invitados no tenían el placer de ser interrumpidos por ningún número musical durante el Banquete Nobel.

Uno de los puntos culminantes es cuando se sirve el postre, después de lo cual los Laureados suben a la escalinata, ya convertida en escenario, guiados individualmente por jóvenes estudiantes vestidos festivamente. Cada uno de los galardonados da un breve discurso, expresando su gratitud a las instituciones que otorgan los Premios Nobel y comentando los eventos del día.

Algunos discursos contienen críticas sociales y el humor de la sala varía según los temas escogidos. Otros prefieren expresarse informalmente y con un toque humorístico, aderezando sus discursos con alguna historia graciosa. Unos cuantos incluso se han animado a cantar una o dos estrofas. Sea cual sea su discurso, todos los Laureados pueden contar con recibir un cariñoso aplauso.

Un Laureado reciente escogió contar la historia de un ganador del Premio Nobel que se para en una gasolinera durante un viaje con su esposa. Se queda pasmado cuando ella brinca del coche y abraza a un hombre en un overol azul, quien parece ser el dueño de la estación. Todo indica que se conocen bien. Cuando ella regresa al auto, él le pregunta, un poco molesto, quién es ese hombre al que ha saludado tan efusivamente. Al enterarse de que es un ex-novio, no puede dejar de señalar que ella debería sentirse contenta de haberse casado mejor con él y de ser la esposa de un Premio Nobel. La mujer le contesta de inmediato: “Si yo me hubiera casado con él, ese hombre sería un Laureado Nobel”. Las carcajadas con las que fue recibida esta historia casi tiran el techo del Salón Azul.

Poco después, al terminar el Banquete, los Laureados Nobel, los invitados reales, los profesores, estudiantes y demás invitados se levantan de sus asientos y suben por la escalinata al Salón Dorado, donde una orquesta de baile empieza a tocar valses vieneses. El ganador del Premio Nobel de Literatura 1999, Günter Grass y su esposa están entre quienes más han disfrutado del baile.

Este año, los Laureados Nobel son David J. Gross, H. David Politzer y Frank Wilczek en Física; Aaron Ciechanover, Avram Hershko e Irwin A. Rose en Química; Richard Axel y Linda B. Buck en Medicina o Fisiología; Finn E. Kydland y Edward C. Prescott en Economía y Elfriede Jelinek de Literatura, quien se perderá de una experiencia inolvidable.

La Pareja Real continúa hasta la Galería del Príncipe, donde tienen la oportunidad de concluir sus conversaciones con los Laureados, antes de irse a casa en la fría noche de invierno. Para los premiados y los estudiantes, la noche aún es joven. Otra fiesta los espera en una de las uniones estudiantiles de Estocolmo. Pero, como dicen por ahí, ésa es otra historia.

En cuanto a los Días Nobel en Oslo, la ganadora del Premio de la Paz, Wangari Maathai, también tendrá un intenso programa de actividades, que comenzará el 9 de diciembre con una conferencia de prensa en el Instituto Nobel de Noruega.

El viernes 10 de diciembre por la mañana tendrá un encuentro con niños en el Ayuntamiento de Oslo, ubicado junto al mar. A la una de la tarde, será la única estrella de la Ceremonia de Premiación, que se llevará a cabo en el mismo lugar y durante la cual ofrecerá la conferencia formal sobre su trabajo a favor de la paz.

Al terminar, estará presente en un programa de televisión de la CNN, para el cual ya están agotados los boletos, según informó el Instituto Nobel.

A las siete de la noche será el tradicional Desfile de Antorchas en Honor del Premio Nobel de la Paz, el cual podrá disfrutar la Laureada desde un balcón del Grand Hotel de Oslo.

Al día siguiente, Wangari Maathai asistirá por la tarde al Espectáculo del Premio Nobel de la Paz de las Escuelas de Oslo, donde será acompañada por el Comité Noruego del Premio Nobel.

Y, para culminar los Días Nobel, asistirá al Concierto en su honor en el que actuarán grandes estrellas noruegas e internacionales, encabezadas por Andrea Bocelli, Cyndi Lauper y Patti Labelle. Los anfitriones serán el actor Tom Cruise y la presentadora de televisión Oprah Winfrey.




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