ÁNGELES EN LA CABEZA DEL ALFILER…


Por Sergio Sarmiento
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Escribo estas reflexiones antes de que se lleve a cabo la consulta ciudadana impulsada por el PRD y el gobierno de la ciudad de México sobre la reforma petrolera. Pero no tengo duda del resultado. La consulta está hecha para promover el rechazo de la iniciativa del presidente Felipe Calderón.
La promoción del voto se está haciendo en los bastiones políticos del PRD. Las preguntas fueron redactadas con el propósito de generar respuestas negativas. No se necesita mucha sapiencia para saber que el resultado será así un no contundente a la reforma.
La primera parte de la consulta dice que la explotación, transporte, distribución, almacenamiento y refinación de hidrocarburos son actividades exclusivas del gobierno, tras lo cual pregunta si el ciudadano está de acuerdo o no en que participen en ellas empresas privadas. La redacción no explica que ya los mexicanos consumimos gasolina producida por compañías privadas, sólo que éstas se encuentran en el extranjero. Lo que deberíamos preguntar, pues, es si queremos consumir gasolina producida por empresas privadas en México o fuera del país. Pero los organizadores no preguntan esto porque no obtendrían el resultado que quieren.
Las encuestas de opinión, como las que han levantado en los últimos días empresas como GEA-ISA y BGC Ulises Beltrán y Asociados, revelan que más del 50 por ciento de los mexicanos están a favor de la iniciativa de reforma del presidente Calderón. Ésta es una cifra bastante positiva, si consideramos las décadas de adoctrinamiento conservador que los mexicanos hemos vivido en el tema petrolero. De hecho, la legislación impulsada por el presidente Lázaro Cárdenas en 1938 y 1939 era todavía más liberal que la que está proponiendo el actual presidente Calderón. El general Cárdenas fue, después de todo, el inventor de los contratos de riesgo, esos mismos que los grupos más conservadores del PRI y del PRD consideran hoy una traición a la patria.
La fuerza de los grupos conservadores, sin embargo, es enorme en nuestro país. Ésta se manifiesta no sólo en la consulta del PRD sino en una iniciativa alterna de reforma que han elaborado los legisladores del PRI. Esta propuesta priista impediría la apertura a la inversión privada de la refinación y del transporte de hidrocarburos líquidos en ductos. La consecuencia sería condenarnos a mantener la importación de gasolina de los Estados Unidos y a seguir contratando pipas y autotanques privados, mucho más costosos que los ductos que podría construir la iniciativa privada.
México quizá ha perdido ya la gran oportunidad generada por la bonaza en los precios petroleros de los últimos años. En lugar de estar invirtiendo todo lo posible --recursos públicos y privados-- en exploración y explotación en aguas profundas, someras y tierra firme, en transporte, distribución y almacenamiento, y en refinación y producción de petroquímicos, estamos dejando que nuestros políticos mantengan una polémica interminable, como los teólogos de antaño que discutían toda una vida sobre cuántos ángeles podían caber en la cabeza de un alfiler.
Con razón tenemos un país pobre. Nuestra inepta clase política ha empobrecido con sus tonterías a nuestro México.


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Columna: Jaque Mate