MISION DEL TRANSBORDADOR ENDEAVOUR A LA EEI

Cápsula 331 del 22 de Noviembre de 2008

Investigación y Guión: Conti González Báez


Tras un impecable lanzamiento desde el Centro Espacial Kennedy en Florida, Estados Unidos, el transbordador Endeavour llegó el domingo 16 de noviembre a la Estación Espacial Internacional (EEI), en una misión de 15 días.

La tripulación de la NASA viaja al mando del Comandante Christopher Ferguson. Su objetivo principal es expandir el complejo orbital, para que pueda albergar a seis ocupantes.

Durante las excursiones extravehiculares, los astronautas revisarán y lubricarán las juntas rotatorias de los paneles solares, que a partir de ahora aumentarán el suministro de energía para el mayor número de residentes y actividades en la estación.

Las cuatro caminatas espaciales, altamente complejas, están encabezadas por la especialista de misión Heidemarie Stefanyshyn-Piper, quien realiza su segundo viaje al espacio. La acompañan Steve Bowen y Shane Kimbrough, ambos en su primera misión.

Durante la primera caminata, en un intento sin precedentes para limpiar y engrasar una junta mecánica en un panel solar, una pistola neumática para engrasar estalló accidentalmente dentro de la bolsa de herramientas de Stefanyshyn-Piper.

Ella empezaba a engrasar la junta cuando ocurrió el percance. El estallido cubrió con grasa sus guantes y la lente de la cámara emplazada en su casco. Cuando trataba de limpiarse, la astronauta soltó la bolsa, que se alejó flotando con todas sus herramientas.

Se trata de uno de los objetos más grandes perdidos durante una caminata espacial. El incidente empañó lo que había sido una misión casi perfecta por parte del Endeavour y su tripulación.

Una vez repuesta de su decepción por el extravío, Stefanyshyn-Piper, la primera mujer que encabeza una caminata espacial en un vuelo del transbordador, siguió trabajando en la junta con su compañero Steve Bowen.

Durante más de un año, la junta atascada no ha podido moverse para apuntar el panel derecho hacia el Sol, a fin de maximizar la generación de energía. La reparación, que se anticipaba complicada y agotadora, requiere buena parte del trabajo en las cuatro caminatas previstas.

Mientras tanto, en el interior de la EEI, Don Pettit, Eric Boe y Sandra Magnus desempaquetan una carga de alrededor de 15 toneladas, para convertir a la estación en un verdadero hotel en órbita terrestre.

El Endeavour llevó en el Módulo Logístico Multipropósitos Leonardo, hecho por Italia, los suministros y equipos necesarios para ampliar los espacios habitables.

El plan es convertir una "casa" de tres dormitorios, un baño y una cocineta en una de cinco dormitorios, dos baños, dos cocinetas y un gimnasio.

Para ello, se utilizará gran parte del nuevo espacio creado con la instalación de los módulos Columbus de la ESA y Kibo de Japón, que fueron llevados durante las misiones previas de este año.

Los astronautas instalaron un segundo excusado en el segmento estadounidense de la plataforma orbital. Es igual al que se encuentra en el módulo ruso Zvezdá, que ya se estropeó en dos ocasiones, por lo que los habitantes de la estación se vieron obligados a utilizar el inodoro de la nave Soyuz.

Teniendo en cuenta que un ser humano necesita entre 2.5 y 3 litros de líquido al día y su suministro constituye una operación muy costosa, el agua en la EEI es administrada con cuidado y, si es posible, procesada.

Además de ampliar el espacio habitable, un control ambiental regenerativo reciclará orina de los astronautas y la condensación del aire, para convertirlas en agua que podrá ser utilizada para enfriar los sistemas de la nave e incluso ser bebida.

El nuevo sistema de procesamiento de líquidos tendrá capacidad de proporcionar 100 litros de agua diariamente, para saciar las necesidades de una tripulación de hasta siete miembros.

Cuando el Endeavour regrese, traerá a la Tierra muestras del agua reciclada para su análisis. En febrero, otro transbordador traerá muestras similares, hasta que los expertos estén seguros que el sistema funciona correctamente y que el agua es 100% potable.

Mientras tanto, la tripulación de la estación continuará bebiendo el agua que llevan periódicamente las naves de carga rusas Progress. La NASA admitió que la aplicación del sistema podría no agradar a quienes tengan el estómago sensible.

Sin embargo, advirtió que es esencial asegurar las fuentes de agua para mantener con vida una tripulación durante lo que serán los largos viajes espaciales del futuro.

La expansión de la EEI contempla tener más compartimientos para dormir, con termostatos individuales y conexiones para computadoras personales.

Las nuevas habitaciones de los astronautas ofrecerán a cada uno un espacio personal para guardar sus artículos privados, descansar y realizar tareas recreativas.

Los nuevos componentes de cocina serán instalados en el laboratorio Destiny. Incluyen dos calentadores de alimentos, un dispensador de agua fría o caliente y, lo más importante, un pequeño refrigerador.

Hasta ahora, el dispensador que tenían sólo proporcionaba agua caliente o al tiempo, no fría; en cuanto al refrigerador, sólo había uno restringido para experimentos científicos.

Los miembros de la Expedición 18 están muy ilusionados de poder disfrutar bebidas frías. Suena trivial, pero durante las largas estancias de seis meses, llegan a cansarse de beber jugos tibios.

En cuanto a las frutas o verduras que les llegan con sus provisiones, debían consumirlas de inmediato, para evitar su descomposición; en el refrigerador podrán conservarlas más días.

Otro importante agregado es la sala de ejercicios. En la ingravidez del espacio, los astronautas deben levantar pesas y realizar flexiones para combatir la atrofia muscular. El Endeavour llevó una máquina de ejercicios que permite realizar 30 rutinas distintas.

Si todo va bien, la EEI abrirá sus puertas a seis residentes de tiempo completo a mediados del próximo año 2009. El aumento en el número de habitantes es especialmente importante para los astronautas canadienses, europeos y japoneses, que han estado esperando durante años para vivir a bordo del laboratorio orbital.

Una tripulación mayor permitirá aumentar el tiempo dedicado a la investigación científica, de 10 a 35 horas semanales. Actualmente, gran parte del tiempo de sus tres tripulantes es dedicado a tareas de mantenimiento de la estación.

En estos días, la EEI tiene casa llena. Además de 10 astronautas trabajando en su ampliación, hay dos arañas que han estado librando una batalla con la ingravidez.

Fueron lanzadas al espacio con una provisión de deliciosas moscas de la fruta, a bordo del Endeavour. Son parte de un experimento científico diseñado por niños de escuelas primarias.

Los estudiantes compararán cómo tejen sus telarañas y se alimentan en el espacio, con lo que hacen otros arácnidos en la Tierra. Las arañas volverán cuando el transbordador espacial regrese de su misión de 15 días, a finales de este mes.

Al principio, una araña parecía como hipnotizada debido a la falta de gravedad y su telaraña distaba mucho de parecerse a las que tejen sus compañeras en cualquier rincón terrestre.

La telaraña lucía más o menos tridimensional y parecía estar por todas partes dentro del contenedor. Era como una telaraña distorsionada, sin simetría alguna.

El problema es que los astronautas sólo habían localizado a una de las arañas dentro de su hábitat cerrado. No sabían si la otra había escapado accidentalmente o simplemente no estaba visible.

Aunque era poco probable que hubiera escapado, todos a bordo estaban buscándola, con cierta preocupación. Finalmente, ayer apareció la araña, del mismo tipo que la del libro infantil "La Telaraña de Charlotte" de E. B. White, también llevado al cine.

Al parecer, ambos arácnidos se han adaptado bien a la ingravidez, ya que han tejido nuevas telarañas, perfectamente simétricas y hermosas.

La misión celebró el décimo aniversario del día en que llegó a su órbita el primer módulo para la EEI, el 20 de noviembre de 1998.

Hace una década, constaba tan sólo del pequeño módulo ruso de control Zarya, que flotaba en la ingravidez, muy lejos de lo que 16 países vislumbraron para el complejo.

Su construcción debió haber concluido en 2006. Con cuatro años de retraso, el proyecto aún no está terminado, pero poco a poco se acerca a la idea concebida por sus creadores.

Desde que el primer módulo fue colocado en órbita, la estación ha crecido diez veces. Cuando termine su construcción, en 2010, pesará casi 500 toneladas y medirá 108 metros de ancho por 88 de largo.

Contará también con 4,000 metros cuadrados de paneles solares, que proveerán de energía eléctrica a los seis laboratorios de alta tecnología.

Será, en pocas palabras, un enorme complejo habitacional en el espacio, del tamaño de un campo de fútbol y observable a simple vista desde la Tierra en una noche de cielo claro.

Mantener a astronautas en órbita, llevando a cabo investigaciones, ha sido una empresa costosa. Se calcula que hasta ahora se han gastado unos 100,000 millones de dólares. Sin embargo, ha sido dinero bien invertido, dados los estudios científicos que nunca hubieran podido llevarse a cabo en la Tierra.

Más de 100,000 personas en todo el mundo han estado involucradas en este programa y, desde 1998, 167 individuos de 14 países han pisado la EEI.

La astronauta Sandra Magnus permanecerá con los actuales ocupantes, el comandante estadounidense Michael Fincke y el ingeniero de vuelo ruso Yury Lonchakov.

Ella sustituirá a su colega Greg Chamitoff, quien regresará a bordo del Endeavour. Aún no se sabe si él podrá terminar su partida de ajedrez entre la Tierra y el Espacio.

Magnus pasará tres meses y medio en órbita. Ya había visitado brevemente la estación durante un vuelo en otro transbordador y éste es su segundo viaje espacial.

Desde niña quería ser astronauta, pero fue tímida para seguir su sueño. Estudió Ingeniería y posteriormente un doctorado. En 1995 decidió presentar el examen para entrar al cuerpo de astronautas, sin ser aceptada. Al año siguiente volvió a presentarlo y lo logró.

A los 44 años está viviendo ese sueño y disfruta enormemente los retos de su trabajo. Pese a los riesgos, siente que está haciendo algo útil y positivo.

Su única preocupación es que tuvo que dejar su casa, cerca del Centro Espacial Johnson en Houston, con el techo dañado por un huracán. Sin embargo, sus amigos le prometieron que se encargarían de repararlo mientras ella está en el espacio. La astronauta estadounidense regresará con la siguiente misión de los transbordadores de la NASA, prevista para febrero de 2009.

Sus compañeros regresarán la próxima semana. Tras desacoplar el transbordador de la EEI, el próximo jueves 27 de noviembre festejarán en el espacio el Día de Gracias, compartiendo una comida con el tradicional pavo, empacada especialmente para ellos. El Endeavour aterrizará el domingo 30 de noviembre.



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